ideas

De Windows a Linux

Este articulo no va solo de cambiar de sistema operativo. Va de recuperar el control: del hardware, de los datos y de la forma en la que uso y entiendo la tecnología.

No fue una decisión impulsiva. Fue más bien una suma de pequeñas renuncias que, juntas, acabaron siendo una ruptura.


Mi viejo portátil, un Toshiba Satellite del 2012,llevaba años cumpliendo sin quejarse. No era rápido, pero era fiable. Hasta que llegó una actualización de Windows 11 y lo dejó, literalmente, fuera de juego.
No compatible. No apto. Obsoleto por decreto.

Windows 10, que tenia instalado hasa entonces, se queda sin soporte, sin parches y sin garantías. Y dejar un sistema sin soporte conectado a internet no es una opción responsable.

Así que el mensaje de Microsoft era claro: compra otro ordenador o asume el riesgo!

Y ahí fue donde empecé a replantearme cosas.

Comprar hardware sin aceptar el paquete completo

Ya tenía pensado cambiar de portátil y jubilar a mi joya roja — doce años no pasan en balde—, así que decidí hacerlo de otra forma: compré un Lenovo Thinkpad sin sistema operativo.

Instalé Linux Mint con Cinnamon. No porque sea “para expertos”, sino precisamente por lo contrario: por lo sencillo y estable que es. Ademas open source y gratis.

Funciona. Y respeta.

Mi idea era clara: no quería volver a pasar por lo mismo dentro de unos años.
No quería que una empresa decidiera cuándo mi ordenador deja de ser válido.

Telemetría, ruido y la sensación de no mandar

Con Windows siempre tuve esa incomodidad de fondo. Esa sensación de que el sistema operativo no es del todo mío. Y mis datos menos.

Con Linux Mint sentí algo que no esperaba: silencio.

No es paranoia. Es una cuestión de control!

Mis datos, mis fotos, mis documentos…
en mi ordenador.
Punto.

Romper con la nube (y no mirar atrás)

El siguiente paso fue casi inevitable.

Cerré la nube.

Todas mis fotos, archivos y proyectos están ahora en discos locales, con copias de seguridad físicas.

Sí, requiere más responsabilidad.
Pero también da algo que había olvidado:
tranquilidad.

Viva la libertad 😉

Mi propio servidor, mi propio correo

En paralelo, di otro paso: me desvinculé de las grandes plataformas tecnológicas.

Monté mi propio servidor, con email propio, bajo mi dominio.
No por romanticismo técnico, sino por coherencia.

No necesito que una multinacional lea, analice o monetice mis comunicaciones
para ofrecerme un servicio “gratuito”.

Prefiero pagar con tiempo, aprendizaje y responsabilidad.

Adiós redes sociales, hola web estática

También estoy dejando las redes sociales.
Todas.

Instagram, Facebook, YouTube…
fuera.

No porque sean “malas”, sino porque ya no encajan con la forma en la que queiero crear y comunicar. El ruido, la urgencia, los likes, las métricas constantes… pesan más que el contenido.

Ahora escribo mi propio blog, con páginas HTML estáticas, como antes.

Escribo las entradas en Visual Studio Code, a mano, como se hacía antes.
Guardar. Subir. Publicar.

Lento. Simple. Honesto.

No es nostalgia, es elección

Esto no va de volver al pasado ni de idealizar “lo antiguo”.
Va de elegir conscientemente qué herramientas uso y a qué precio.

Linux no es perfecto.
Requiere aprender, aceptar límites y resolver problemas.

Pero cada problema es mío.
No impuesto.

Y eso, hoy,
ya es mucho.